Ropa tendida en Libros y literatura

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Ropa tendida en el blog Libros y literatura. La reseña es de Susana Hernández:

Autora: Eva Puyó
Edición: Xordica
Páginas: 120
Opinión: Un pequeño milagro de naturalidad

Lo primero que me llamó la atención de este libro al tenerlo entre mis manos, fue su estupenda portada, ese patio interior en el que todos intentamos ocultar de las miradas ajenas nuestras miserias.

Un libro sencillo, que nos cuenta historias que giran en torno a las relaciones familiares, a sus  rarezas, con un lenguaje propio que sólo se da entre sus miembros. Me ha transportado a un tiempo pasado, ese que todos tenemos archivado en nuestro cerebro. Habla de esas cosas que nunca contamos porque pertenecen al ámbito más íntimo de la convivencia familiar, lo que sólo existe de puertas para dentro. Y lo hace a través de una escritura fresca y directa, y con ese sentido del humor que sólo puede provenir de la magia de lo cotidiano.

Y lo cotidiano, en los duros años de la reconversión industrial en “La Jota”, ese barrio obrero de Zaragoza, podía ser ese padre buscavidas y chanchullero, que me cae bien, porque hace lo que puede y como puede (una imagen de padre que me ha recordado al bueno de Homer Simpson), un buen hombre que a pesar de todos sus defectos ama profundamente a su familia.

Y una madre que trabaja en lo que entonces trabajaban las madres de los barrios obreros, limpiando casas, y que llora en la cama, en el silencio de su habitación, sola, lejos de las miradas del resto de la familia, como otras tantas mujeres sacrificadas que han sido felices sólo a ratos.  

En muy pocas páginas me ha hecho recordar mi primer empleo, mi primer amor, y a aquellos amigos de los que hoy nada sé. Y es que Eva Puyó me ha hablado de mi vida, porque lo que le pasa a su protagonista es tan creíble que parece haberle pasado a ella, o … a nosotros mismos.

Susana Hernández Sánchez

02/10/2009 13:45 Autor: ropa_tendida. #. No hay comentarios. Comentar.

Ropa tendida Por las montañas de Holanda

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Ropa tendida en el blog Por las montañas de Holanda de Manuel Abacá:

"Creo que durante mucho tiempo me gustarán libros de este tipo. Libros que hablen –así de sincero- de las familias de cinco. No es fácil. Muchos verían estrellas de cinco puntas donde yo solo veo parches con forma de pentágonos. O, mejor dicho: con forma de escudo. Así me gusta recordar a mi familia: como un escudo.


Ropa sin tender. Solo me he enterado de la lluvia cuando me he levantado de la cama y he visto a mi madre tendiendo la ropa por los radiadores.

Los cromosomas también son copia. Los pitufos, Lulú, Pumuki. Todos estos muñecos de plástico tenían su correspondiente “gemelo” de bronce. Mi padre (…) Al día siguiente nos lo devolvía (…) y con su doble de bronce. Era algo que hacía en los ratos libres del taller de fundición en el que trabajaba (…) Los muñecos de bronce eran duros y fríos (…) También mi padre podía ser duro y frío.

XX. Mi padre era tornero en la fundición, una profesión que me resultaba muy difícil de imaginar. Cuando rellenaba el papel de las becas, mi padre me decía que pusiera una equis en la casilla de obrero “cualificado”, en lugar de la de “sin cualificar”. Eso era algo que me daba una pista sobre la categoría de su trabajo.

YY. Mi madre en las reuniones del colegio decía que era “ama de casa”, cuando se pasaba la mayor parte del tiempo fuera de ella (…) A veces mi madre nos llevaba a ver esas otras casas donde iba a trabajar, cuando sus dueños no estaban.

Caballero. A mi hermano le diagnosticaron que tenía los pies planos (…) Yo creía (…) que un asmático de pies planos no podía jugar al rugby.
Ahora mi hermano camina por la casa con pequeñas pesas unidas a sus tobillos para fortalecer las piernas (…) La casa se llena de olor a reflex (…) Los tacos nuevos de mi hermano resuenan sobre el cemento como cascos de caballo.

Capitán Ahab. Mi abuela murió muchos años después que mi abuelo, y su agonía duró tan solo un par de días (…) Decía: “Sólo lo hice una vez, sólo lo hice una vez”, y tenía miedo de ir al infierno. Mi padre le dijo: “No te preocupes, madre, esas cosas Dios las perdona”. Un poco más tarde estaba fría, gorda y grande, como una ballena fuera del mar.

Brindis
. Los únicos autobuses circulan casi vacíos y muy deprisa. Yo conduzco con cuidado para evitar que se rompan las botellas. Aún así, cada vez que freno se oye un “cling clong” grave. Pienso que esa es la música de mi Navidad. El brindis, que anticipa el par de besas, los únicos que nos damos en todo el año.

No dejéis tizas a los niños. Cuando acababan las clases mi hermana y yo nos quedábamos en el colegio vacío, mientras mi madre y otras señoras de bata azul limpiaban las aulas. Las señoras de bata azul nos dirigían palabras amables. Mi madre nos daba una bayeta para que quitáramos el polvo de los cajones de los pupitres. Mi hermana y yo recorríamos las aulas vacías. Nos metíamos en las clases de los mayores. Dibujábamos con tiza en la pizarra flores y niñas de pestañas largas. Un día se nos olvidó borrar el dibujo, grande como un mural, de la pizarra de una de las clases. Los alumnos mayores se debieron de reír mucho con ese dibujo. El profesor se enfadó. Mi madre recibió una reprimenda de la señora P. Al día siguiente nos dijo que no podíamos dibujar más en la pizarra.

Léxico familiar. “limpiar sobre limpio”, como decía mi madre.

Recados. Cuando mi madre no se encuentra bien siempre es igual. Mi padre me pide que vaya a ver qué tal se encuentra y si necesita algo. De hecho, creo que verdaderamente él se preocupa de ella más que yo. Es como si la quisiera a través de otra persona, a través de mí.

Mi casa por partes. Una secretaria del Ayuntamiento me entregó, además, una bolsa que contenía un alcachofa de ducha. “Ha habido muchos robos, y preferimos darlas así.”

Transfusión. Con tu padre no puedes tener una conversación intrascendente. No puedes hablar del día que hace, de las últimas noticias de la tele, o de la película que has visto. En las conversaciones entre tu padre y tú todo acaba volviéndose denso y oscuro como la sangre.

Inauguración. Te das cuenta de que a tu ex novio ya no le gusta cómo eres, y de que ya no te quiere. De hecho, ahora mismo, notas cómo le molesta hasta el pequeño gesto de robarle cigarrillos (…) Ha fumado porros a la misma velocidad con la que tú te has terminado la botella de vino que has traído (…) A él le asustaba el mundo laboral. Tú querías irte de casa a toda costa, él se encontraba a gusto en la suya.


Reencuentro. Ahora ya no van a robar verduras al campo. Ahora sólo van a recoger frutas de los árboles abandonados. Se hacen mayores, pienso (…) Los frascos de mermelada nos sirven para probar el sabor de la fruta de temporada (…) Mi padre dijo que no era feliz al lado de mi madre. Hablaron de separarse. En esa época todos en mi familia parecíamos ser muy desgraciados."

27/07/2009 21:36 Autor: ropa_tendida. #. Hay 1 comentario.

Eva Puyó en el Club de Lectura "Leídos y liados"

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Eva Puyó en una reunión del Club de Lectura "Leídos y liados", de Ejea de los Caballeros, que coordina la poeta Susana Hernández.

Pincha aquí para leer el artículo publicado en Ejea digital.

27/07/2009 21:27 Autor: ropa_tendida. #. Hay 1 comentario.

"Carne de arrabal"

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Fernando Iwasaki escribe de Ropa tendida en el número 61-62 de la Revista de Literatura Renacimiento:

"Carne de arrabal

Así como a través del cine uno ha descubierto el mundo de Yo soy la Juani o de Los lunes al sol, Ropa tendida de Eva Puyó también nos muestra los entresijos de aquellos suburbios en su primer libro de cuentos. Son relatos de un lirismo canalla y sentimental, como corresponde a las peripecieas de una familia de buscavidas y sobrevivientes.

Me encantaría concentrarme en la prosa, el humor y la originalidad de las historias, pero la ambición sociológica de Ropatendida es tan grande como su resplandor literario. A uno que ha nacido en un país latinoamericano pobre, las penurias europeas no me pueden sorprender. Sin embargo, reconozco que para muchos jóvenes narradores del primer mundo resulte un reto y una novedad. Por eso voy a atreverme a formurlar una observación sociológica: el ambiente social de Ropa tendida se parece muchísimo al descrito por Muñoz Molina en El viento de la luna  y al de los primeros episodios de la teleserie Cuéntame, quizás porque económicamente estamos retrogadando hasta los años 60 y 70. O sea que después de más de 30 años de democracia vamos a regresar a los niveles de los últimos años del franquismo.

Ropa tendida es una feliz colección de relatos donde abundan la decadencia, el desempleo y la precariedad. El título es un acierto y Eva Puyó una nueva escritora que debería sentirse satisfecaha por la calidad de su ópera prima, pero a mí me haría ilusión leerle otros relatos ambientados lejos de esos bloques de pisos y de la carne de arrabal."

 

27/07/2009 21:04 Autor: ropa_tendida. #. No hay comentarios. Comentar.

Jordi Puntí escribe sobre "Ropa tendida"

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Novelas con padre

Jordi Puntí

El periódico de Catalunya 3/1/2009

"La figura del padre ha ofrecido desde siempre buenas páginas de literatura, a menudo nacidas de un deseo de ajustar cuentas generacionales --basta leer la Carta que Kafka dedicó a su padre--, pero se diría que en los últimos tiempos su interés ha aumentado. La revista británica Granta, por ejemplo, de gran influencia literaria, dedica su número de invierno a los padres, "los hombres que nos hicieron". Sus páginas ofrecen textos de ficción y autobiográficos, con autores como Jonathan Lethem, Ali Smith o la novelista Siri Hustvedt, quien dedica un ensayo a analizar la distancia que separa a padres e hijas. "¿Por qué es tan difícil hablar con los padres?", se pregunta Hustvedt. La respuesta es compleja, y la prueba es que hasta la fecha ha dado lugar a toda una tradición literaria. Y no decae. En el pasado 2008, sin ir más lejos, pudimos leer cuatro excelentes novelas con padre, las cuatro en castellano.
El catálogo se abría con Dientes de leche, de Ignacio Martínez de Pisón (Seix Barral), donde un padre fascista y distante guarda un secreto familiar que poco a poco le convierte en un miserable. En Ropa tendida, primera obra de Eva Puyó (Xórdica), la narradora nos habla de un padre buscavidas, parlanchín, amante de los trapicheos, un perdedor simpático. De otra estirpe, el padre que aparece en Pacífico, de José Antonio Garriga Vela (Anagrama), es un viajante de perfumería que se va de casa para irse con otra mujer, tres portales más abajo en la misma calle, y luego a una pensión de enfrente, lo que agudiza su carácter pusilánime y tristón. "El mundo de mi padre cabía en una manzana", escribe el narrador. Por fin, en Todo eso que tanto nos gusta, novela feliz de Pedro Zarraluki (Destino), el padre es un arquitecto decidido y mandón, divorciado y solitario, que se resiste a envejecer y escapa de viaje. Su intención es llegar al Tíbet, pero se queda atascado en un pueblo del Empordà. Su hijo sale a buscarle y, cuando le encuentra, juntos rehacen sus vidas. "Intenta no parecerte tanto a mí", le dice en un momento el padre al hijo.
A pesar de ser cuatro padres muy distintos, todos irradian una fascinación literaria. ¿Será que, como apunta Hustvedt, resulta más fácil hablar de los padres que con los padres?"

La fotografía es del escritor Jordi Puntí y la he tomado de aquí.

31/01/2009 19:34 Autor: ropa_tendida. #. No hay comentarios. Comentar.

"Ropa tendida" en la feria de Ejea de los Caballeros

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En la feria del libro de Ejea de los Caballeros, el domingo 5 de octubre, se presentaron los libros de la editorial Xordica París tres de Aloma Rodríguez y Ropa tendida de Eva Puyó. En la imagen las autoras con el editor Raúl Usón.

19/10/2008 20:48 Autor: ropa_tendida. #. No hay comentarios. Comentar.

"Ropa tendida" en Aragón Literario

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Ropa tendida en el blog Aragón Literario de Luis Borrás Dolz.

La fotografía es de Jesús Llaría.

ESPEJO RETROVISOR

Lo primero que hice al terminar el libro fue llamar a mis padres por teléfono. Están en su pueblo. Se pasan allí nueve meses al año. A la ciudad vienen a pasar el invierno, huyendo del frío y la boira que le sienta mal a mi madre y su reumatismo.
Cuando ya iba a colgar me cogió el teléfono mi madre. Estaba abajo, en el patio, hablando con su amiga Emilieta. Mi padre estaba en el huerto.
¿Pasa algo? No, no. ¿Qué tal todo por ahí? Bien, bien. Nada especial. Venga pues. Besos, adiós.
Le hubiera podido contar que acababa de leerme un libro que se titula "Ropa tendida" de Eva Puyó, y que había pensado en ellos. Pero creo que no hubiera sabido explicárselo.
Miré la portada del libro. La fotografía de un patio interior. Me acordé del piso de mis padres. De los patios interiores donde se colgaba la ropa en unos tendederos que iban de nuestra ventana a la del vecino de enfrente. El nuestro era el último piso. Si alguna prenda se caía al patio mi madre mandaba a mi hermana mayor a pedírsela a los del bajo. Excepto cuando era ropa interior que entonces bajaba mi madre porque a mi hermana le daba vergüenza.
En la fotografía se ve una bicicleta estática, y recordé que mi madre también tuvo una. La tenía en la trastienda y alguna vez me la encontré pedaleando, con la falda subida y los zapatos de medio tacón.
Ahora me parece que veo las cosas desde un espejo retrovisor. Miramos atrás y les vemos marcharse, quedarse solos en su paraíso imperfecto, y nosotros tenemos que seguir adelante.
"Ropa tendida" habla de un padre que ve la televisión y yo me acuerdo del mío sentado viendo el fútbol o cualquier programa ridículo de variedades. Y recuerdo haber sentido vergüenza ajena viéndole reírse a carcajadas con aquellos humoristas casposos.
La madre tiende la ropa por los radiadores y yo me acuerdo de la estufa de butano que mi madre encendía para secarnos al salir del baño cuando todavía no habían encendido la calefacción central de la casa.
Cuenta que el padre no habla mucho y yo me acuerdo del silencio habitual del mío. Cuenta de chapuzas en casa y me acuerdo cuando mi padre empapeló el solo todas las habitaciones.
Habla de madres llorando en la cama y me acuerdo de las lipotimias que le daban a la mía, que parecía que se había quedado muerta, y de aquella vez que se la llevaron en ambulancia a urgencias y la bajaron en el ascensor sentada en una silla.
Cuenta de ruinas y me acuerdo cuando mi padre lo perdió todo en aquel negocio ruinoso y tuvo que vender la tierra que heredó de su padre para pagar las deudas. Sufrió una depresión que le dejó varios días sin salir de casa. Todavía le veo sentado a la mesa, comiendo en pijama, sin afeitar y sin decir palabra.
Habla de un padre que pegaba a sus hijas y recuerdo el único tortazo que me dio el mío porque no me entraban los quebrados en la cabeza. Cuenta de un padre violento al que tener miedo y pienso en mi buena suerte y en cómo, a pesar de todo, el tiempo fabrica el olvido.
Cuenta de una madre que limpia casas y pienso en las mujeres que venían a limpiar a la nuestra. En aquella mujer, que no era joven y se arrodillaba en el suelo para limpiar el parquet.
Habla de un padre que trabajaba de portero y yo me acuerdo del de nuestra casa. Se llamaba Julián y leía novelas del oeste. Me acuerdo de sus coloristas portadas.
Habla de un padre que compraba objetos robados y de excursiones en autobús a las huertas de las afueras de la ciudad para robar hortalizas. Y siento el alivio de lo que puede recordarse ahora, mirando por el espejo retrovisor, como algo cómico que te hace sonreír. Y me acuerdo de mi madre y sus faltas de ortografía en la lista de la compra, y de mi padre durmiendo en verano en un colchón en la terraza de casa, enseñando a todo el barrio aquellos calzoncillos de corazones rojos.
Cuenta de brindis en familia y veo a todos nosotros de pie, con la copa de champán en la mano, sonriendo y aparentando felicidad, y de esos besos de cumpleaños, santorales, Navidades y feliz año nuevo y como luego nos quedábamos frente al televisor viendo juntos el programa especial de nochevieja, sin abrir la boca, sin mirarnos a la cara.
Habla de trabajos y yo me acuerdo de cuando estuve trabajando repartiendo publicidad, de mensajero y sirviendo copas los fines de semana, y de la obsesión de mis padres porque terminara una carrera universitaria que ellos no tenían.
Cuenta de un padre chanchullero, irresponsable y caradura, que estafa a sus propias hijas y me veo cogiendo a escondidas dinero del cajón de la mesilla de mi madre. Ahora creo que ella lo sabía y que nunca me dijo nada.
Cuenta de oposiciones y pienso en el anhelo de ese trabajo estable que nos permitirá marcharnos de casa de nuestros padres y empezar a vivir nuestra propia vida lejos de ellos, caminar solos, verles alejarse desde el espejo retrovisor.
Y pienso en las derrotas de mis padres, en sus sacrificios, en sus discusiones, en todos los días que pasaron sin hablarse, en las palabras que nos hicieron daño mutuamente, en todo lo que no se y en todo lo que he olvidado, en que la única vez que les vi besarse en la boca fue en la celebración de sus bodas de plata.
Vuelvo a llamarles por teléfono. Hola ¿qué tal? ¿Ya se ha marchado Emilieta? No, todavía está aquí. Es Luís. Que muchos recuerdos. Gracias, igualmente. Que dice que cuando vengas te dará una docena de huevos y un pozal de higos. Dile que gracias. ¿Querías algo hijo? No, nada, estaba leyendo un libro y me he acordado...
¿Qué si papá ha ido al médico? No, va la semana que viene. Ah, bien, vale. Venga pues. Besos, adiós. Adiós.
No. No le digo nada. Y es que no sabría cómo explicárselo.

27/07/2008 13:06 Autor: ropa_tendida. #. Hay 4 comentarios.

Firmando en el Día del Libro

Día del libro

En la caseta de Xordica con el editor, Raúl Usón, y su padre, José Antonio.

Las fotografías son cortesía de Ismael Grasa.

01/05/2008 09:42 Autor: ropa_tendida. #. Hay 1 comentario.

"Ropa tendida" en el Día del Libro

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23 de Abril: Paseo de la Independencia, Zaragoza.

Firma de Ropa tendida, de Eva Puyó:

De 12 a 14 h. en la caseta de Xordica Editorial.

De 18 a 20 h. en la caseta de la librería Los portadores de sueños.

Pincha aquí para ver qué otros autores podrás encontrar firmando en las casetas de Independencia.

19/04/2008 13:35 Autor: ropa_tendida. #. No hay comentarios. Comentar.

"Ropa tendida" en Escrito en el viento

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"Cuando me fui de casa mi madre sacó una ristra de objetos que me quería dar: vasos, platos, fuentes... "Llévatelo todo, que me quiero quitar mierda." La mayoría eran regalos suyos de boda, o juegos incompletos de los que se había desprendido alguna de las señoras para las que mi madre trabajaba. Yo le dije que me apetecía ir de compras y estrenar cosas. Rodearme de objetos bellos, en lugar de trastos usados y tarados. No acepté casi nada de lo que me ofrecía. "¿Lo quieres o no lo quieres? Pues a la basura. He dejado de ser una sentimental", me decía mi madre mientras hacía limpieza de armarios. Parecía haber acumulado durante años un ajuar imperfecto del que ahora se quería deshacer.




Ropa tendida es la primera novela de Eva Puyó y posee la frescura y la cercanía propias de un debut literario. Son historias que giran en torno a la familia, a las locuras y a las rarezas y a las intimidades domésticas de personas con las que, de algún modo, el lector se identifica. Uno sabe de lo que Eva habla: las excentricidades de los padres, los hermanos que no se hablan, la independencia y el primer piso, el carnet de conducir, la ropa que una madre tiende en los radiadores cuando afuera llueve... Y todo está muy bien contado, en poco más de 100 páginas y con un humor sabroso que nos recuerda un poco a Mi abuelo, de Valérie Mréjen. La magnífica portada, por cierto, es de Miriam Reyes."




En la imagen de arriba, una fotografía de Miriam Reyes.

10/04/2008 22:49 Autor: ropa_tendida. #. Hay 2 comentarios.


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